Odín Dupeyrón, sin censura para aullar

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Lo consideran un alquimista de la vida. Alguien capaz de hacer despertar del letargo, de la pereza, de la tristeza. Así ven a Odín Dupeyrón, el actor, conferencista y escritor que gracias a una crisis personal ha logrado llegar a la cima del aplauso, de las lágrimas y de monstruosos escenarios.

Fueron 10 mil personas las que se reunieron en el Auditorio Nacional para hacerle saber a Odín que su argumento y carácter ante la vida es una filosofía que le ha cambiado la perspectiva a más de uno. “¡A vivir!” es la razón, el monólogo que a diez años de haber sido creado por Dupeyrón, sigue causando revuelo y manteniendo al actor en la opulencia interpretativa.

Odín se planta en el escenario. Se transforma en “Marciano”, un afligido individuo que se refugia en un taller de superación personal y que a lo largo de su discurso cuestiona justamente los métodos de la autoayuda, de la depresión, de la presión social, de las exigencias personales y de cómo es necesario aullar para encontrarse con la manada a la que se pertenece.

Al finalizar la función que dura aproximadamente dos horas y que visitará el Auditorio Telmex el próximo 16 de abril, el público recibe una piedra, elemento central del monólogo que se ha replicado mil 700 veces a través de una década, motivo suficiente para que Odin emprenda una gira nacional para celebrar 10 años de caminar junto a la manada, como él llama a los que creen en su visión y sus palabras.

“Es un monólogo que escribí en un momento difícil de mi vida, en un momento de crisis, tenía hambre. Lo que me interesa decirle a la gente es que la obra se hizo sola, tiene un contenido que a la gente le gusta, se ganó el cariño. La gente que viene a verme es mi gente, me siento parte de, es mi manada”.

Dupeyrón asegura que él no es un motivador y aunque no revela detalladamente si “¡A vivir!” es una obra autobiográfica, dice que los golpes de la vida lo han llevado a saber que sus momentos más oscuros no son exclusivos, que hay cientos de personas que atraviesan las mismas ansiedades pero en otras circunstancias, que todos necesitan un e mpujón para caerse, levantarse y encontrar un propósito en la vida, ser útil y libre.

“No me censuro en nada, tengo una vida privada de la que no hablo. Dependiendo de lo que digan contesto o no. Hay cosas que no comparto, tampoco voy hablar de todo lo que la gente quiera. Yo no soy motivador, que a la gente le guste la obra no quiere decir que yo sea motivador, yo soy un artista”.

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Reír y llorar al mismo tiempo

¿Qué tiene de especial “¡A vivir!”? Es vigorizante, con tintes de humor de picardía mexicana pero también con sombríos pasajes que logran que más de uno intente desatar el nudo que se forma en la garganta ante las rabietas y risas en las que Dupeyrón lleva al espectador a una montaña rusa de emociones.

La interpretación de Odin es de aplaudirse: grita, llora, se carcajea, patalea, se tira al piso, corre a esconderse debajo de una mesa, su única escenografía con la que recrea personajes que hacen sufrir y también amar.

Un respiro

Aunque la gira de “¡A vivir!” tiene agenda pactada hasta septiembre, Odin reveló que ya busca  un actor que replique el monólogo para que la obra siga su curso mientras él la interpreta en otra ciudad o se enfoca en otros proyectos.

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