Lucy Rose: la cantante que gira y se queda en la casa de sus fans al rededor del mundo

Lucy Rose es una artista inspirada en una nueva realidad determinada por la tecnología. Se cansó de depender de los modelos tradicionales de la industria musical, que definen si un artista puede girar por el mundo para promover su música, si hay presupuesto o no para hoteles y comidas, si hay un empresario de eventos que  la ponga a tocar en X o Y ciudad en la que le gustaría tocar. Agotada, incluso, de la figura de un manager que le dice con quién puede o no hablar o con cuáles de sus fans se puede tomar una foto, esta cantautora británica dueña de un sonido íntimo y una voz de ensueño que en el 2012 saltó a la fama con su álbum Like I Used To, le hizo pistola a esos formalismos y se lanzó a organizar independientemente y con ayuda de sus fans un tour por esa parte del mundo que le fascinaba  y a la cual aún no había podido llegar: Latinoamérica.

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El trato que Lucy Rose le propuso a sus fans era simple: “ayúdenme a conseguir un lugar para tocar en su ciudad y yo me quedo con ustedes”. Desde el momento en que publicó ese tweet su inbox se atiborró con mensajes de personas de distintos puntos cardinales de Suramérica ofreciendo su casa y distintos lugares no convencionales donde ella podía tocar sin cobrar un peso: parques, cafés, bibliotecas, hostales y hasta lavanderías. Fue así como el año pasado, sin pensarlo dos veces, en plena crisis musical y absolutamente convencida de que esa idea de que los fans “son unos freaks acosadores” no es más que un convencionalismo, tomó su guitarra acústica, su backpack, y giró durante dos meses por Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay, Brasil y México con la firme intención de compartir su música por el simple gusto de tocarla para quienes más la disfrutan sin pensar en la retribución económica.

De esa auténtica experiencia musical y personal nacieron dos piezas: su último álbum fiel a su sonido acústico e introspectivo, y un documental que recopila sus pasos y las experiencias más humanas que tuvo por este lado del mundo. Las dos piezas fueron tituladas Something’s Changing.