Recordemos a Chris Cornell y su legado musical

Ya me había enganchado con el Dirt de Alice in Chains, el disco homónimo de Temple of the Dog y el Badmotorfinger de Soundgarden. Soundgarden siempre fue diferente para mí: sin la oscuridad inherente de las canciones de Staley y Cantrell y sin la luz incandescente de la estrella de Cobain, Cornell y compañía hicieron canciones atormentadas y  hermosas como mi favorita, Fell On Black Days.  Esta canción iba más allá de un movimiento o un sonido. Era una canción sin tiempo ni espacio, como una gran canción debe ser.  La voz rasposa y llevada al límite de Cornell se metió hasta nuestra médula y ahí se quedó.

Después de la disolución de Soundgarden en 1997 y de no saber de Cornell por un par de años, apareció en la escena Audioslave, que en su momento no entendí, tal vez porque personalmente estaba explorando otras músicas. Sería sólo hasta varios años después que entendí el poder del songwriting de Cornell en canciones como I am the Highway y Show Me How to Live.

El año pasado cuando nos invitaron a tocar el festival Almax y me enteré que venía Cornell, me emocioné.  Finalmente iba a tener la oportunidad de ver a uno de estos manes con los que literalmente crecí.  Ya no podía ver a Staley, ni a Weiland, ni a Cobain, y como un pelotudo, me había perdido el show de Pearl Jam en Bogotá.

Muy calladito y solo me fui a ver el show. Salió Chris sólo con su guitarra y durante 40 cortísimos minutos mantuvo a un par de miles de personas en un silencio absoluto.  Su voz, impecable como me la imaginé, se metió hasta los huesos.  En su expresión más minimalista, las canciones toman otro contexto y vuelven para revolver emociones y recuerdos.  Burden in My Hand, Hunger Strike, Like a Stone, Can´t Change Me y, obvio, Fell On Black Days son un manifesto de que las canciones nunca morirán.

Gracias al universo quedan las canciones, lo único eterno, como Cornell.