Rave, música y luces, esto fue el EDC en la CDMX

El fin de semana pasado, 25 y 26 de Febrero, el Autódromo Hermanos Rodríguez fue testigo de la 4ª edición del Electric Daisy Carnival que tuvo un sold out; cosa que las personas que han ido desde el primer año notaron al mencionar que en años pasados en todos los escenarios era muy fácil llegar hasta enfrente y sólo el principal se llenaba, mientras que este año los 4 escenarios todo el tiempo tuvieron gente bailando con cada beat que entraba por sus oídos y hacía vibrar la tierra en el Autódromo.

Algo de lo que se habló mucho este año fue respecto a que mucha gente que no es fan de la música electrónica participó del evento, a algunos les molestó, a otros les hizo feliz la idea de saber que cada vez más gente añoraba formar parte de EDC. Entre coronas y collares de flores, shorts, playeras de tirantes, lentes oscuros, bermudas, cubrebocas de cuentas, estaban los camuflajeados, aquellos que tal vez no conocían a los artistas que se presentaron pero que fueron a vivir la experiencia con sus amigos.

Muchos no entienden porque la gente paga para ir a ver un DJ o un evento de este tipo, porque creen que hacer música electrónica es sólo ponerle play a una pista, me incluyo en esas personas que lo creían; no estoy segura de si las mezclas que se presentan son totalmente en vivo, o si llevan una pista y sobre eso mezclan o si de plano todo es grabado y ellos solamente hacen como que mezclan, pero esta vez entendí porque la gente gusta tanto de estos eventos.

Al momento de entrar al festival todo tu alrededor es música, no hay un solo lugar que no retumbe con las ondas sonoras de las bocinas, y de pronto, no importa si no estás acostumbrado a escuchar ese ritmo, te encuentras bailando mientras caminas al escenario al que quieres llegar, hay colores  neón por todas partes que conforme va cayendo el sol se dan a notar más con su fluorescencia.

Ves grupos y grupos de amigos encontrándose entre la gente, hay otros cuantos perdidos pegados a la estructura de corazón, rogando por tener un punto en su señal telefónica para contactar a sus compañeros.

Algo de reconocer al EDC es el manejo de alcohol para mayores de edad que por lo que se observa está mejor controlado que en otros festivales, se me ocurre que éste es un factor que influye en el hecho de que el ambiente se sienta tan tranquilo.

Eran muchas fiestas pequeñas reunidas en una gran celebración, los Tótem marcaban el límite entre cada grupo pero la mejor parte era cuando en el WasteLand muchos Tótem rodeaban los grandes círculos donde los chicos (y un par de chicas) se disponían a dar el brinco más alto entre otros y armaban (aunque no lo creas) un slam, así es, slam en una pista de electrónica, pero creo que ellos le llaman “Rave Zone”, y vaya que levantaban el ánimo del suelo azteca.

Había todo tipo de Tótem, Power Rangers, globos con helio de Happy Face, fotos de “El Peje” con montajes, Trump y Peña Nieto también estuvieron presentes, banderas de distintos países de América, y algunos clásicos memes que nos sacaron un par de risas al verlos.

El Neón Garden resaltaba por su tranquilidad, podías estar ahí tranquilamente sentado mientras seguías viviendo la experiencia, se rumoraba a voces que era el punto de encuentro de la comunidad gay, pero nada confirmado.

Este año el escenario XX presentó estilos más urbanos, los cuales fueron bien aceptados porque todo el tiempo había alguien moviendo la cintura con este género.

Pero definitivamente el mayor espectáculo visual se encontraba en el KinectField, por obvias razones es el escenario principal del EDC, donde se presentaron los DJ’s que aún sin ser fanático has escuchado nombrar, Marshmello, The Chainsmokers, Alan Walker, Jonas Blue, entre otros. Todo el tiempo el manejo audiovisual de este lugar sorprendía con su juego de luces y fuegos artificiales, las fuentes que se movían junto con los asistentes y el unísono del “EH, OH” con los brazos arriba del público.

Al finalizar dos días de festival al caminar por la pista del Autodromo para salir por fin por la puerta 6 del Foro Sol y llegar a descansar de dos intensos días de baile y canto Insomniac nos reanimó con un cartel que decía “Nos vemos en el 2018”, dentro de esos suspiros de cansancio y dolor de cuerpo, esos murmullos que decían “¿Cuánto falta para llegar a la salida?” Se despedían las cámaras con sus flash y las últimas selfies del Electric Daisy Carnival 2017.

Nos vemos en el próximo festival.

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 Por:Frida Som